El aeropuerto de Madrid me sorprendió. La última vez que había llegado por ese medio fue hacía 11 años. Encontré un aeropuerto supermoderno y muy grande. Para llegar del lugar de arribo a donde se retira el equipaje hay trenes y todo : )

La segunda sorpresa fue la suciedad en el metro. Los cestos de basura estaban llenos y había basura hasta en el piso. Luego me enteré que el paro de los empleados de la empresa concesionaria, llevaba 10 días. Eso se notaba en todas las estaciones.
El cielo despejado y la temperatura unos 15 grados. Al centro de la ciudad fui con el Metro (є 1 x pasaje + є 1 plus de aeropuerto; є 6,4 x 10 tickets). El hostal bastante aceptable. Qué alegría, ya estaba en el centro de Madrid.
Igual casi no tuve tiempo de darme cuenta de nada. Deje las cosas y me fui a encontrar con José, el homónimo del ex-gobernador de Córdoba, que dirige Madri+d. Comimos bastante bien en un VIPS. Lo mejor la fabada y el mouse de chocolate. Conversamos de innovación, los programas regionales que viene aplicando en Madrid desde hace más de 10 años y los cambios que se vienen. Proyectos. Política nacional de España y Argentina. Pasé un rato más que agradable con un tipazo, inteligente, reflexivo y cálido. La conversa duró como 3 horas.


De allí me fui a caminar pasando por las sibeles y de allí al hotel. En los aviones duermo, pero no descanso todo lo necesario. Asi que me tomé una siesta. Me fui a caminar, pese a que el frió se iba acentuándose a medida que avanzaba la noche … por suerte no se sentía tanto como yo esperaba. El humo de mi expiración marcaba que hacía menos de 9 grados. En realidad 5 mostraba un cartel que encontré en una parada de colectivo. En un mercadito me encontré con una de mis galletitas favoritas: los filipinos. Unos anillos de chocolate amargo (є 1,6). Lugares por donde pase: Plaza del Sol, Callao, Plaza España.

Desde plaza España, decidí caminar por Gran vía y en un momento me metí en el barrio de Chueca. Barcitos y restaurantes copados. Caminando esas calles, recordé lo que me embola ir a comer solo… especialmente a la noche. Cuando estaba por desistir de cenar y se acercaba la medianoche, pasé por un restaurant que me pareció cálido. Como que invitaba a comer. Cuando entré las fotos en las paredes me llamaron la atención, me fijé el nombre en la carta y… SI.

Era el restaurant que María me había comentado que es de la familia de artistas Barden (el más popular para nuestra generación Javier). La sugerencia de la moza fue unos huevos estrellados. El plato era un revuelto gramajo a la española ; ) papas a la española, jamón serrano en cantidades, cebolla, algo de ajo, todo frito y unos huevos arriba… parecía que sabía que cosas me gustan. Todo con gustito a casero. Que placer !!!
En el camino seguí guiado por intuición y me metí por la zona de bares de alrededor del sol. Busqué de vuelta al hotel un agua mineral. Me llamó la atención los puestos de coreanos que se estaban armando con unas cajas de cartón. Llegaban a sus esquinas con la caja y adentro en bolsitas del super Lidl (super ultra barato) bebidas y golosinas. De paso salvaron mi sed.
A dormir.